Hilos sueltos

“Imagino las preguntas personales como hilos o tejido suelto que asoman del lienzo gradual que es mi vida. Algunos hilos se sueltan del tejido que creía rematado y otras simplemente sobresalen de la orilla por tejer.”

Soy usuaria frecuente de podcasts y uno de mis favoritos es On Being, de Krista Tippett. Son conversaciones con personas fascinantes y su contenido semanal –aunque puede resultar lejano en su aproximación cultural- no deja de engendrar reflexiones. Además de la entrevista en turno, saboreo el estribillo que agradece a los patrocinadores y me gustaba, en particular, cuando se daba crédito a un fondo dedicado a financiar “las grandes preguntas” (lo digo en pasado porque lo dejaron de mencionar recientemente). Sonreía al escucharlo porque me alegra saber que hay personas y grupos dispuestos a destinar recursos para responder colectivamente a preguntas del tipo ¿Quiénes somos y porqué estamos aquí?

Hace algunos días, al ver el papelito de la fotografía asomando de la libreta de notas, recordé cuánto y porqué disfruto el podcast y el estribillo. El papelito esperaba el momento de ser usado para formular preguntas a panelistas de la reunión en la que participaba, pero me causó gracia que parecía dirigirlas a mí. Ver el cuadro me hizo pensar que cada entrada de este blog es, en esencia, una respuesta a preguntas que me hago. No son “las grandes preguntas” de la humanidad, pero son preguntas relevantes para mí: ¿Porqué siento ésto? ¿Porqué reacciono así? ¿Porqué otras y otros actúan de X ó Y forma? ¿Hacia dónde voy?

No tener tiempo para pausar, formular y rumiar preguntas me parece una forma de pobreza individual y colectiva. Pese a que mi aseveración podría resultar ociosa y elitista al lado de las muy difíciles dimensiones de pobreza que viven millones de personas, creo genuinamente que no es así. Mientras que comida, cobijo, salud, educación y afectos son parte de la canasta básica de la humanidad, intangibles como el conocimiento y la comunicación sazonan y potencian la vida. 

Aunque tengamos disposiciones disímiles hacia la introspección, todos llevamos interrogantes no resueltas en nuestro interior y ganas de responderlas. Más interrogantes aún tenemos a nivel de nuestros vecindarios, comunidades, países y sociedad global. Las preguntas no formuladas pueden desarrollar trompa y convertirse en elefantes que habitan las habitaciones de la vida cotidiana y de las relaciones.  

Tener tiempo, espacio y recursos para identificar preguntas, compartirlas, ponderarlas y proponer respuestas no es solo tarea de filósofos, psicólogos, esotéricos, sociólogos o intelectuales públicos. En lo individual, cada quien elije sus qués, cómos y cuándos; lo primordial es asumir nuestro papel de Sócrates residentes y aplicar la mayéutica griega en nuestras vidas. Como implica la etimología del concepto, el caso es usar a las preguntas como asistentes del parto de nosotros mismos y de las sociedades (sean sociedades de dos o de dos millones). A nivel colectivo, las grandes y pequeñas preguntas pueden y deben hacerse a través de diversas lógicas, formas de expresión e interpretaciones del mundo; no es posible de otra forma llegar a respuestas que se comparten y se expresen a través del cambio social.

Imagino las preguntas personales como hilos o tejido suelto que asoman del lienzo gradual que es la vida. Algunos hilos se sueltan del tejido que creía rematado y otros sobresalen de la orilla por tejer. Las respuestas que aventuro son la trama del telar. Éstas suben y bajan a través de los hilos que sobresalen y añaden extensión y colores al lienzo en proceso. Si mi bien amado tiene razón y hay que “amar la trama mas que el desenlace,” entonces habrá que seguir tejiéndola sobre preguntas y amarla; me gusten o no las respuestas.

3 comentarios sobre “Hilos sueltos

  1. Gracias Gabriela Hilos sueltos Me hace reflexionar, si bien no hacer un alto en el camino, como bien lo escribes hacer una pausa para fortalecer el SER, para así recuperar la fortaleza del hacer y el tener y aprender a disfrutar el camino más que el resultado y estoy seguro que esto es un antídoto contra la pobreza individual y colectiva Saludos cordiales Eusebio Francisco

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