Actuación sin Ensayo

“…tu personaje como un impermeable abotonado de prisa –“

(Wislawa Szymboska)

Alguna situaciones sociales y laborales me hacen sentir un déjà vu particular. Tardé en darme cuenta de que lo que siento en esos momentos me remite al tiempo en que era parte de una compañía de teatro y estaba en escena. No importaba cuántos ensayos hubiese tenido, salía a actuar consciente de que, en algún momento, tendría que improvisar. Recuerdo el nudo instantáneo en el estómago cuando olvidaba mis diálogos o alguien más lo hacía y la delgada capa de sudor que acompañaba estos momentos. Recuerdo también la adrenalina haciendo acelerar mi pulso y el alivio de salir al paso al recordar lo olvidado o al sustituir el olvido con palabras propias que brotaban de algún Lázaro escondrijo del cerebro. Al pánico escénico nunca me sobrepuse por valiente o por buena actriz, sino por encomendarme a mi capacidad de reacción ante la imprevisibilidad. 

A pesar de los años de camino andado, hay numerosas reuniones, conversaciones, conflictos y relaciones que me hacen sentir poco preparada. Conozco mi rol, ya ejercí las 10,000 horas de práctica de las que habla Gladwell y, empero, no voy por la vida con certeza absoluta de mis capacidades y conocimientos. La experiencia me permite interpretar y distinguir matices en las situaciones, pero también me ha mostrado que no hay conocimiento inmaculado ni soluciones universales a los problemas. De ahí parte mi conciencia de la imprevisibilidad.  Sé que en mi vida personal y en mi trabajo seguiré encontrando nuevos contextos para los que no estoy del todo preparada. Sé también que los personajes con los que interactúo y sus circunstancias cambian constantemente y que eso limita la posibilidad de asumir y predecir sus intenciones y conductas.  

No faltará quien lea esto y lo interprete como simple falta de confianza. Para mí, hay una diferencia radical entre reconocer lo imprevisible y sentirse incompetente. Lo primero resulta del reconocimiento de la complejidad y de la autoconciencia acerca de las limitaciones. Lo segundo deriva de causas más complejas y puede llegar a convertirse en una verdadera pesadilla existencial. Ambos pueden paralizarnos pero la experiencia emocional es diametralmente diferente y, por ende, también lo es la capacidad para responder ante situaciones.

Como en la improvisación teatral, creo que la capacidad para salir adelante en situaciones para las que no se está preparada se nutre de la práctica. También se sostiene en habilidades interpersonales y de comunicación que nos permiten reconocer para nosotros y frente a los demás que no se tiene la respuesta oportuna, la solución perfecta, ni –como decimos en México- todos los pelos de la burra en mano. Improviso cuando es indispensable y pauso cuando es factible hacerlo. Aunque vivo y trabajo en sociedades que aun privilegian e incentivan los liderazgos tipo alfa, he encontrado pocos obstáculos para admitir públicamente terreno incognito y pausar.  No creo que hacerlo me reste credibilidad. Por lo menos, estoy cierta que ha fortalecido la credibilidad que tengo en personas que se permiten este tipo de libertades. Es responsable y valido decir “no lo sé,” como legítimo es responder “permíteme pensar en esto.” Sobre todo, creo que el correctivo para el pasmo ante lo nuevo o desconocido es la genuina curiosidad por los nuevos contextos, sus tramas y protagonistas.

Regresando a la metáfora teatral, tenemos muchas noches de estreno en la vida e infinitamente más noches y días de actuación cotidiana. Entramos a nuestros días como quien sale a escena, representando un personaje que conocemos pero sin la ventaja y protección que dan los ensayos. Reaccionamos constantemente a situaciones para las que nos sentimos poco preparadas y decimos palabras que no estaban en el guion que habríamos querido tener a mano. Incluso, nos preguntamos a solas de qué se trata la obra en la que estamos actuando y qué tipo de personajes y arquetipos tenemos enfrente. 

Ante la imprevisibilidad mi plan es sencillo: dejar los histrionismos y desistir de fingir que conozco todos los diálogos.  Habrá que vivir con las imperfecciones cotidianas del ser y del actuar equipada con similares proporciones de circunspección y sentido del humor.

Así la vida.

2 comentarios sobre “Actuación sin Ensayo

  1. Me encanta este artículo, Gaby. No te imaginaba como actriz y, sin embargo, ahora que lo pienso más, sé que estás en permanente puesta en escena.

    A mí me encanta la metáfora del teatro como metáfora de la vida. Decía Arthur MIller que el teatro es el único arte en el que la humanidad se enfrenta consigo misma. Quizá por eso nos resuena tanto cuando decimos que nuestra vida es una actuación en un escenario determinado por las coordenadas espacio temporales. Un teatro donde se ensaya poco, casi nada; y, se improvisa mucho, casi todo.

    ¿Quién podría afirmar que tiene el guión completo de la obra en las manos y adelantar el final de la misma?
    Creo que la riqueza de todo esto reside en el proceso, como decimos de nuestras intervenciones en la facilitación de procesos de diálogo. no en el resultado. La vida como proceso interpretativo de cada una de nosotras sin guión previo, sin ensayos suficientes, pero con el gozo de estar en escena.

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